Balance de Responsabilidad Social Corporativa 2017

INTRODUCCIÓN de Paolo Pagliaro

El mérito que los directivos de la empresa suelen reivindicar es el de haber creado valor económico para los accionistas. Se trata de un enfoque que a mí siempre me ha parecido restrictivo (los directivos tienen también otras obligaciones dignas de ese reconocimiento como, por ejemplo, el hecho de contribuir a la felicidad de las personas y a la protección del mundo) pero que tiene orígenes autoritarios. Parece ser que la fórmula más exhaustiva de este principio discutible se encuentra en un artículo de Milton Friedman (“The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits”) publicado en el New York Times Magazine en 1970.

El futuro premio Nobel de economía afirmaba que la finalidad última de todas las  empresas es precisamente la creación de valor económico para los accionistas a través de la maximización del beneficio. Friedman enunciaba así la que después fue nombrada como la Teoría de los Stakeholders. Una década después fue otro americano, Robert Edward Freeman, quien recondujo la situación explicando – en el libro “Strategic Management: a Stakeholder approach” – que existe una responsabilidad social empresarial que va más allá del beneficio. Según explicó Freeman se trata de integrar en la actividad empresarial también los valores éticos, comparándose de forma explícita con todos los agentes económicos que están interesados y de alguna forma implicados por su actividad en el mercado (los stakeholder o “partes interesadas”): empleados, clientes, proveedores, colaboradores, grupos, instituciones. La idea de Freeman tuvo tanto éxito como la de Friedman y el hecho de que ambas convivan en los manuales de economía y en los consejos de administración significa que el capitalismo acepta todavía dudas acerca de su propia naturaleza.

El Balance de responsabilidad social es el espejo del capitalismo que reflexiona sobre sí mismo y sobre su propia función. Es el espejo de los gustos, de las inclinaciones y de la cultura de quienes dirigen las empresas. Nos habla del mundo en el que la empresa está insertada y de las relaciones que entre ellos se han creado, porque la empresa es también un animal social.

Hojeando las 140 páginas siguientes he vuelto a encontrar la huella de esa forma de ser y de pensar que aprendí a apreciar hace muchos años en Padua, cuando conocí al fundador de Engineering y a su pequeño grupo de amigos y colaboradores que en aquel entonces iniciaban el camino que transformaría una filial de Cerved en una empresa informática que hoy ofrece trabajo a 10 mil personas y factura más de mil millones de euros.

En el Balance de responsabilidad social que estáis a punto de leer una de las palabras que se encuentran más a menudo es “formación”. Se trata de una palabra que se repite con más frecuencia que su palabra gemela “innovación”, término muy de moda en la retórica empresarial y que en el caso de Engineering se usa siempre a propósito, ya que es el bien que la empresa produce. La superación de esta barrera representa ya un indicio importante de la escala de valores que aquí se tratan. Formación significa 14 631 días/persona de cursos impartidos a los empleados; una escuela de Tecnologías de la Información y Gestión con 200 docentes y 6 mil alumnos, un centro de competencia de formación online, becas, másteres e incentivos para que del estudio nazcan el talento, la competencia y el crecimiento. El valor cívico de esta inversión – 8 millones de euros el año pasado – es altísimo para un país en el que la enseñanza y la formación están siempre a la cola de todos los programas, incluso de los del gobierno.

La Escuela dedicada a Enrico Della Valle representa para Engineering un elemento potente de difusión de la cultura y del saber hacer empresarial y su valor, se subraya en el Balance, ha ido siempre mucho más allá de la simple función didáctica. A pesar de estar habituado a muchas charlas sobre el paro juvenil y sobre la primacía italiana de jóvenes que ni estudian ni buscan trabajo, ha habido unos renglones (pocos, como siempre) que me han impactado y son los que el Balance dedicada al proyecto de formar a 400 jóvenes Nini para lanzarlos después, en menos de 18 meses, al mundo laboral. Se trata de una pequeña parte del Estado que se disfraza de empresa y quién sabe si podrían cambiar las estadísticas (y el Estado) si la práctica se extendiera.

El negocio de Engineering no prevé ningún proceso de manufactura, sino la distribución de servicios de consultoría informática y de servicios relacionados con la gestión y la conservación de los datos de los clientes. Se trata por tanto de un negocio post-moderno donde la fiabilidad no tiene nada que ver con los materiales y su manipulación, sino con la solidez de bienes intangibles como la racionalidad de los procesos, la eficiencia, la privacidad y la seguridad.  Mercancía vendida por una empresa que ha previsto la eliminación de las puertas de sus oficinas. No debe haber sido fácil seleccionar las actividades que se iban a mencionar en el Balance, dado que prácticamente todos los productos creados por Engineering tienen un impacto público. Las soluciones de software para la Sanidad las utilizan 100 mil médicos, enfermeros y empleados de los centros de salud locales, además de millones de pacientes. Las de movilidad permiten en Brasil que los ciudadanos de São Paulo sepan si el autobús llega tarde y en España da la oportunidad a los ciudadanos malagueños de asegurarse de que haya plazas disponibles en los aparcamientos (y quién sabe si algún día estos paquetes de Engineering podrán mejorar también la vida de los pobres romanos, que viven a la espera de un tranvía que no llega).

A Engineering pertenecen las tecnologías TIC para la protección del patrimonio artístico, los software que mantienen bajo control las emisiones contaminantes de los barcos, los monitores que ayudan a prevenir las avalanchas, las soluciones digitales contra el hate speech online (discurso de odio online) y la nueva generación de softwares para las políticas tributarias y el contraataque a la evasión fiscal. Se trata de herramientas para la buena política y la buena administración, pensadas para una sociedad que se piensa que tiene el deseo de mejorarse. Esta confianza en la responsabilidad colectiva y por tanto en el Estado, más que en las increíbles y óptimas prácticas enumeradas en las páginas siguientes, creo que es el signo distintivo de la empresa Engineering y el mérito de quienes la dirigen.

Paolo Pagliaro es periodista, autor televisivo y director de la Agencia 9 Colonne